¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO COOPERAR EN GRUPO?

Publicado: noviembre 8, 2015 en APLICACIÓN AL DEPORTE DESDE OTRAS DISCIPLINAS
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Leía en El Pais un artículo sobre Michael Tomasello, codirector del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y me fascinaron algunas de las conclusiones de sus investigaciones. La primera es que nuestra capacidad para cooperar y conectar nuestras mentes es lo que nos separa de otros animales.

En algún momento de nuestra evolución tuvimos que cooperar para sobrevivir. Y por eso entendemos mejor que nunca frases como “el todo es más que la suma de las partes”, “el yo al servicio del nosotros” o el altruismo como conducta sanadora en religiones como el budismo.

En el mundo del deporte y la empresa es importante impactar con este mensaje. Hacer entender que colaborando, los miembros de un equipo deportivo o una organización van a obtener más beneficios y rendir mejor no es tan fácil porque, como dice Tomasello, a veces somos generosos y a veces egoístas, dependiendo de la situación.

Seremos egoístas cuando:

  • Nos encontremos en un grupo donde algunos de sus miembros no colaboran lo suficiente o simplemente nada para que el grupo funcione. Son los denominados parásitos o aprovechados. Personas que leen muy bien la situación grupal y se aprovechan del trabajo de los demás. En este caso, el responsable del grupo (entrenador, director) debe tomar cartas en el asunto o el resto de miembros dejará de trabajar y todo se derrumbará como un castillo de naipes.

(*) no se considera aprovechado a aquel miembro que haciendo poco genera mucho para el grupo.

  • La gente cuando coopera tiende a repartir lo conseguido con justicia. Cuando no cooperan, nos molesta mucho. Los jugadores del equipo, los trabajadores del departamento de marketing, al cooperar y realizar sus funciones con total entrega, se asignarán con equidad los triunfos de su trabajo. El problema radica en aquellas situaciones en las que un parásito no ha hecho nada. El grupo lo aguantará en sus filas y se provocará un malestar. Si el responsable no actúa al respecto, al final los componentes del grupo tomarán cartas en el asunto, rindiendo menos. Esto me recuerda al poco éxito de formas de organización económicas comunales o al asunto catalán, donde la percepción de unos miembros sobre lo que cooperan otros miembros, provoca la situación actual.
  • ¿Quién no ha visto luchas entre departamentos de la misma organización o la desconfianza entre los miembros de un equipo cuando se integra alguien nuevo? Como dice Tomasello, nuestra capacidad de cooperar surgió en pequeños grupos y por eso desconfiamos de los extraños. Tenemos que aceptar que hay gente que no se fíe de los de fuera de su grupo. Y si ignoramos esa realidad vamos a tener problemas. Gracias a la plasticidad cerebral, esa tendencia puede ser cambiada con esfuerzo e inteligencia. Tendremos que cambiar percepciones y normas sociales. Y también podemos empezar en nuestro ámbito de influencia directa -nuestro grupo- a detectar aquellos miembros más desconfiados y llevarlos poco a poco a un terreno donde se encuentren seguros y puedan empezar a colaborar. (*) lo fácil es excluirlos a la primera.

Ahora que ya sabemos un poco más por qué nos comportamos de una determinada manera, podremos, analizando la situación particular de cada uno, establecer la mejor estrategia para liderar nuestros grupos y conseguir extraer el máximo potencial, tanto individual como colectivo.

¡A estrujarse la cabeza!

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